Me envía este vídeo mi querida amiga @anafarre.

Ha salido en los medios de comunicación, por el maravilloso gesto que tiene un policía de Zaragoza rindiendo homenaje a todas las víctimas del covid19 que no han podido ser despedidos por sus familiares. Cuando fallece una persona en estas circunstancias, la primera y principal víctima es el finado, la segunda víctima, la que se queda sintiendo el dolor, es la que sufre la pérdida de su ser querido. Tantos padres, hijos, hermanos, cónyuges, nietos, amigos, que se quedan completamente desolados y tristes por no haber podido despedirse de la persona amada; por no haber podido estar con ella, abrazarla, decirle cuánto la querían, reconfortándola, acompañándola, transmitiéndole su energía, sus ánimos, sus palabras de aliento, incluso su perdón y comprensión y, en definitiva, todo su amor.

Estamos ante una situación tan terrible que no da tregua para encajar las emociones y sentimientos que, sin duda, van a sentir las personas que han pasado por esta amarga y espantosa experiencia. Miedo, rabia, tristeza, impotencia, soledad, injusticia, incomprensión, incertidumbre, culpa, y muchas emociones más.

Todo esto pasará, y volveremos a la vida y retomaremos nuestro día a día. Pero las víctimas que van a quedar vivas tras el coronavirus van a necesitar mucha ayuda. No dejemos que los duelos añadidos, aquellos que incrementan el dolor inevitable por la muerte de nuestro ser querido, marquen a estas personas. Evitemos que se encuentren solas, dejémosles expresarse, permitamos que lloren y que rabien tanto como lo necesiten. Tendamos nuestra mano hacia ellas.

Necesitan sentirse acompañadas, queridas, escuchadas y arropadas. Os lo aseguro. En situación de duelo, no hay nada mejor que sentir la empatía de los demás, sentirse escuchada y percibida y poder descansar en el regazo de las personas más cercanas. Si esto no es posible, como sucede en estos momentos de confinamiento, el dolor es más profundo, más agudo, más insoportable e incrementa enormemente el ya de por sí intenso dolor por la muerte de una persona. El hecho de no poder despedirnos, de no poder homenajear, de no poder estar con ella cuando más nos necesita y cuando más necesitamos estar con ella, es algo que nos angustiará durante mucho tiempo, con el riesgo de que este agobio se convierta en un duelo traumático.  El confinamiento nos obliga a pasar el duelo solos y a tomar decisiones durísimas para las que, seguramente, no estemos capacitados, como es, por ejemplo, elegir a sólo una persona para que te acompañe en la incineración de tu ser querido, cuando tanto te gustaría que estuviesen contigo tantas otras personas. No quiero ni imaginármelo, aunque lo he escuchado de varias personas. Es terrible.

Solo quiero mandar mi abrazo más grande, mi apoyo más grande y mi empatía más grande, con todo mi corazón y mi comprensión a todas aquellas personas que os sentís en este momento en esa situación. Yo os digo #NoEstaisSolos. Contad con nosotros y contad con los profesionales. Contad con aquella mano amiga que, aunque sea por videoconferencia, por teléfono, por whatsapp, por sesiones on line, o por plataformas on line que se han creado para ayudar, que son súper generosas y que que están dispuestas a entregaros todo su apoyo y compañía. No os quedéis solos, por favor, utilizadlos, llamad y contad cómo  os sentís. Contad lo tristes que os encontráis. Contad que tenéis ganas de llorar, que se os parte el alma y que tenéis ganas de gritar que sentís que el mundo es injusto, que no podéis soportar la soledad más absoluta ante la muerte de parte de vuestra vida. Que contéis que os hubiera gustado que las cosas hubieran sido de otra manera, que expreséis vuestro dolor, que esta situación os desborda y que no podéis con ella, y que….. yo que sé cuántas cosas más…

Quiero transmitiros mi más absoluta admiración hacia todos vosotros y me sumo con todo mi corazón a ese signo de respeto que dedica este policía de Zaragoza a las personas que se han ido, rindiéndose a sus pies, honrándolos con su silencio y apreciando y valorando todo lo que los que estáis aquí estáis pasando. Esto no tiene precio, porque este gesto, este respeto, admiración y comprensión es lo que necesitáis. Necesitáis saber que no estáis solos y que no sois invisibles a los ojos de los demás. No sois un número ni una estadística. Sois Juan, María, Pedro, Lorenzo, Miguel, Laura y Matilde. Personas con nombres y apellidos, tan amadas y necesarias, que dejáis padres, hijos, nietos, hermanos y cónyuges en el más absoluto dolor y soledad en estos momentos del maldito coronavirus.  Al igual que el  policía, me inclino en señal de respeto y honra hacia todos vosotros.

 

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